jueves, 05 de mayo de 2005
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Las polonesas de Chopin constituyen unas de las obras de mayor popularidad del “gran oso de los salones”. En esta versión, interpretada por Vladimir Ashkenazy, encontramos una gran diversidad en los medios limitados que tenemos. Particularmente su interpretación de la polonesa opus 53, llamada comúnmente como la militar, es una de las cumbres de este disco, integral de las polonesas. La polonesa fantasía, tan delicadamente ornamentada, es uno de los puntos clave de la composición de Chopin.
Tanto el primer disco como el segundo disco contienen polonesas, pero el segundo además trae incluido berceuse, barcarola, gallop marquis, wiosna entre otras composiciones bellas y por lo demás geniales de este gran compositor polaco.
La polonesa opus 53, me recuerda la interpretación a la de Paderewsky o quizás a un refinado Rubinstein.
Excelente disco doble. Recomendado.
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viernes, 01 de abril de 2005
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Ocupa un lugar especial en la Historia de la Música: tiene rasgos que lo señalan como una personalidad singular; revela una sensibilidad delicada, refinada, suave, que se explaya en ocasiones en arrebatados arranques de exaltación que impresionan por su manifiesta sinceridad, por su patetismo conmovedor que quiere llegar al alma ajena como un grito angustioso. En toda la música de Chopin se desliza una melancolía inocultable que es como el clima adecuado para su desarrollo: afín en los momentos más vigorosos, en las páginas más veloces hay ese tinte gris que se filtra como el humo, que deja traslucir ensueños que se adivinan pero que no se precisan. Fue la existencia de su autor una vida atormentada por aspiraciones elevadas que no pudieron realizarse; por sufrimientos físicos que no tuvieron curación; por sentimientos patrióticos que fueron atropellados con crueldad; y en todo esto hay un recóndito deseo de paz que se espera hallar en el descanso de la muerte. ¡Chopin tuvo un alma noble, fue un sincero patriota, un soñador romántico en un cuerpo de salud minada! Para él era más atractiva la ilusión que se viste con las galas del idealismo, que la realidad que transcurre con la indiferencia y !a frialdad de la lógica. Así se muestra en su música; música que debe ser ejecutada en su punto justo: cuando se exageran los matices se ensombrece; cuando la dicción se altera se deforma su intención; para gozarla conviene el término exacto, el momento oportuno y afín el estado de ánimo propicio.

Histórica y técnicamente la música de Chopin marca el punto de partida de un camino nuevo: es la obra de un pianista-compositor que da a su instrumento el fruto de su inspiración. De esto se deduce que esta música se adaptará a la técnica y a las modalidades del piano: tendrá la libertad del solista, hará surgir, como al correr de los dedos, armonías que pasan como percusiones que se pueden apagar prontamente, o prolongarse dentro de una resonancia más o menos velada; tendrá notas o melodías sobresalientes basadas en el acento de los dedos y en la subordinación de las partes; se matizará con la combinación de los pedales y la finura del "touchée". Eminentemente pianística abordará dificultades que nunca serán ilógicas porque han sido el resultado de la comprobación práctica. Al mismo tiempo será absolutamente personal: la imitación siempre será inferior al fruto madurado espontáneamente.

Zelazowa Wola tiene "un grupo de árboles que rodean al "dwor" o habitación señorial; las granjas, establos y caballerizas forman un amplio patio cuadrado en cuyo centro se halla el pozo donde las jóvenes con turbantes rojos van a llenar sus baldes.., a algunos pasos del castillo hay una casita con techo de tejas, Cercada por una pequeña gradería de madera. Un obscuro vestíbulo la cruza. A la izquierda, una habitación; a la derecha se hallan tres piezas tan bajas que con los dedos se puede tocar el techo. Ahí nació Frederick Chopin el 22 de febrero de 1810 (Conde Wodzinski: "Los tres romances de F. Chopin").

Pronto mostró sensibilidad para la música: se emocionaba hasta derramar lágrimas al escucharla. A los cinco años su madre y su hermana Luisa le dan las primeras lecciones; pero cuando sin guía ninguno se aventura por el mundo de los sonidos y comienza a componer, sus padres deciden proporcionarle un profesor de música: éste fue Adalberto Zwyny. A los ocho años se presenta en un concierto de beneficencia (24 de febrero de 1818). Compone algunas piezas: tres polonesas y una marcha militar que el gran duque Constantino hizo instrumentar para banda. A los trece años toma clases con Elsner, director del Conservatorio de Varsovia, y después entra al Liceo.

En 1829, un informe de Elsner decía: "lecciones de composición musical: Chopin Frederick (alumno de tercer año) extrañas capacidades, genio musical".

Tenía Chopin, de joven, un carácter amable, alegre y aristocrático, envuelto en una manifiesta timidez que le impedía conducirse como era; gustaba de la música popular, al grado que él mismo relata, en una de sus cartas, cómo fue capaz de pagar a una cantante del pueblo para que le hiciera oir una pieza que le agradó: ésta afición suya quedaría muy marcada en su producción musical, en la cual trasciende con rasgos no precisos, sino sentimentales, como en sus mazurkas, polonesas, baladas, etc.

En 1825, con motivo de la visita a Varsovia del Czar Alejandro I, tocó ante éste, recibiendo en cambio una sortija de diamantes a la cual tuvo mucho aprecio. En este mismo año fue designado organista del Liceo y de la Iglesia de la Visitación.

En 1826, después de haber recibido su diploma de bachiller, va a pasar junto con su madre y su hermana Emilia, (Murió de tuberculosis el 10 de abril de 1827) que como él estaba delicada de salud, una temporada a. los barios de Reinertz (Durnzniki) y da dos conciertos de caridad. A su regreso se inscribió en el Conservatorio y, al año siguiente, (1827), se presentó ya como pianista en Varsovia: así inició su carrera de virtuoso que le dio tanto renombre, aunque él no gustase, por temperamento, de los públicos numerosos. En 1828 visitó Berlín: una carta dirigida a sus padres nos pone al tanto de algunas de sus actividades en aquella ciudad, dice: "He escuchado primero, en la Academia de Canto, un oratorio; en la Opera, 'Hernán Cortés" ( de Spontini), "II matrimonio secreto" (de Cimarosa) y "el Buhonero" (de Onslow). He oído esas óperas con gran placer. Pero debo confesar que he sido cautivado por "La fiesta de Santa Cecilia" de Händel: es lo que más se acerca al ideal de la música elevada, tal como yo lo llevo en el fondo de mi alma". Al día siguiente deben representar "Freischütz", "es la realización de uno de mis más caros deseos".

En mayo de 1829, con motivo de la visita del Czar Nicolás I, que iba para ser coronado rey de Polonia, se hicieron grandes festejos. Paganini dio diez conciertos y Chopin quedó maravillado ante su imponderable ejecución: le pagó su tributo componiendo el "Souvenir de Paganini" y el estudio número 1, para piano. El mismo año va a Viena y da dos conciertos que fueron memorables: durante su estancia en esta ciudad fue altamente apreciado y gozó de especial estimación. Regresó a Varsovia, visitando antes Praga, Dresde y Breslau. Sintió una amorosa pasión por la cantante Constanza Gladkowska, que había sido su compañera en el Conservatorio. Tarda en declararle sus sentimientos, y él se juzga enamorado de ella; pero cuando menos en su pensamiento la tiene presente cuando escribe el "Adagio" de su concierto en fa: le escribió a Tito Woyciechowski: (el 3 de octubre): "para mi desgracia quizás, he encontrado mi ideal, que venero fiel y lealmente. Hace ya seis meses de esto, y a aquella con quien sueño cada noche, no le he dicho una palabra. Pensando en esa bella criatura he compuesto el "Adagio" de mi nuevo "Concerto", así como el vals (op. 71, Número 2 en re mayor) que he escrito esta mañana". Aunque esto no le impide sentir, en cuanto está lejos, el influjo y la atracción de otras mujeres y de sus discípulas, al grado de emocionarse cuando tiene que tocarles las manos para corregirles defectos, en razón de su magisterio, como lo relata en otra carta: cosas que se pueden atribuir o bien a su extremada sensibilidad o a su exagerada timidez.

El concierto en fa es tocado por primera vez, por Chopin, el 17 de marzo de 1830, aunque él declara "que no produjo la impresión que esperaba". Después de esto se dedica a terminar su "Concierto en mi menoF' que, sin embargo, figura como número I (uno). Aun cuando sigue a. mando a Constanza, todavía el 18 de septiembre no se anima a declarárselo; dice en una de sus cartas: "De estar enamorado, llegaré a disimular durante algunos años máz un ardor imposible de declarar hoy, desgraciadamente".

El Concierto en mi menor fue estrenado el 11 de octubre . Su impresión es ésta: "Mi concierto de ayer salió bien. Me apresuro a darte la noticia y le comunico, señor, que no me sentí intimidado, toqué como si hubiera estado completamente solo".

Los sucesos políticos lo obligaron a salir de su patria, (a la que ya nunca regresaría), el 2 de noviembre: aquí tiene lugar el hecho, no suficientemente comprobado, de que, a su partida, le dieron sus amigos una copa con tierra de su país. En cuanto a su amor con Constanza es una interrogación si al fin se le declaró, aun cuando hubo un cambio de anillos entre ellos.

Comenzaba para Chopin una nueva etapa de su vida. En Breslau toma parte, ocasionalmente, en un concierto efectuado el 8 de noviembre. Llega a Viena el día 24, pero aun cuando se le recibe con amabilidad, no causa la sensación que en su primera visita. Se pueden seguir en sus cartas los incidentes de su estancia: "Strauss y Laner ejecuran los valses durante la cena.., para que baile la gente". "Haslinger cree que si aparenta tratar mis obras a la ligera yo lo tomaré en serio y se las daré gratis. Pero eso del trabajo gratuito se acabó: ahora, ¡paga animal! .... Vivo en un cuarto piso de la calle más hermosa; pero tendría que colgarme mucho de la ventana para ver lo que sucede abajo". "Vuelvo a casa hacia las diez o las once, a veces a medianoche..." "En realidad me siento mal, pero no se lo escribo a mis padres; todo el mundo me pregunta qué tengo. No estoy de humor para nada". "Cicinara dijo que no hay en Viena quien acompañe como yo. Yo pensé: lo sé perfectamente". Da dos conciertos en esta ciudad: cuatro de abril y once de junio de 1831. Después obtiene su pasaporte con "destino a Londres, pasando por París" y deja Viena. En Stuttgart recibe la noticia de que la insurrección polaca ha sido derrotada, ahogando sus ansias de libertad en una ola de sangre y de crueldades: se siente hondamente conmovido y se asegura que ahí nació su estudio número 12 para piano, (llamado "Revolucionario"), en do menor, que traduce su inquietud, y parece pintar en su melodía un impulso heroico y doliente al mismo tiempo.

Llega a París en 1831, obteniendo permiso para radicar allí. El príncipe Radzwill lo toma bajo su protección, lo presenta en los salones aristocráticos, y en esta forma Chopin se convierte en el maestro de las damas de la alta sociedad. Cultiva amistad con músicos famosos: Lizst, Rossini, Päer, Cherubini, Berlioz, etc., y tiene un especial afecto por Bellini. También conoce a los literatos más renombrados. Se admira del movimiento musical de París y también de su forma de vida: "En ese paraíso uno desaparece y eso es muy cómodo: nadie se entera de la vida que uno lleva". Quizás este ambiente le ayudó a recibir la noticia del casamiento de Constanza, que en una carta comenta, ocupándose a continuación de relatar dos de sus aventuras femeninas. En tanto, su importancia como compositor sigue acrecentándose: se venden sus obras produciéndole buenas ganancias; recibe elogios de músicos como Schumann, que alaba la originalidad de su estilo. En cuanto a fechas de sus conciertos anotaremos: se presentó ante el público parisiense tocando en la sala Pleyel el 22 de febrero de 1832 y el 20 de mayo del mismo año en el Conservatorio; el 3 de abril y el 15 de diciembre de 1833; el 4 de abril de 1835 tocó en un concierto a beneficio de los emigrados polacos. En medio de diferentes opiniones se le reconoce como uno de los más grandes pianistas, con una personalidad propia y sobresaliente.

En este año de 1835 volvió a ver a sus padres en Karlsbad y esto le produjo una gran alegría. Dice así en una carta: "Nuestra alegría es indescriptible. Nos abrazamos y nos volvemos a abrazar: ¡Qué bueno es Dios con nosotros!... Nos paseamos dando el brazo a la señora madrecita. Bebemos, comemos juntos, nos mimamos, nos regañamos. Estoy en el colmo de la felicidad". De regreso a París pasa por Dresde, donde se encuentra con la familia Wodzinski, enamorándose de María, que había sido su amiga y discípula en su infancia: ella es descrita como muy atractiva y culta, y sus encantos llamaron la atención, en una época, al que después fue conocido como Napoleón III, emperador de Francia. Al año siguiente (1836) sus relaciones se formalizan, pide su mano y obtiene el consentimiento de la madre de ella, pero en cambio su padre se opone.

En París, a causa del estado de ánimo que su pasión le produjo, Chopin llevaba una vida retraída, presentándose poco en sociedad y aún con sus amigos: una enfermedad (posiblemente resfriado agudo) que sufrió y que coincidió con esa forma de conducta, hizo correr la versión de que había muerto. El padre de María vio en esto un motivo más de temor para el casamiento de su hija, por lo cual continuó oponiéndose a sus relaciones. Fue en esta época que Lizst presentó a Chopin con la escritora Lucila Aurora Dupin, (Madame Dudevant), conocida bajo el pseudónimo de "George Sand"; la impresión que

ésta le produjo es descrita así por Chopin: "He conocido a una gran celebridad, pero su cara no me es simpática, no me ha gustado nada. Incluso hay en ella algo que me repele". Por su parte, la condesa de Agoult se encargará de hablar con "George Sand" acerca de él, recalcando la gracia infinita con la que Chopin tose: "Chopin es el hombre más irresistible: lo único permanente que hay en él es la tos".

Cuando la ruptura con María Wodzinski era evidente, Chopin resolvió irse a Londres: allí lleva una vida de aislamiento. Su compatriota Kozman dice: "No conoce a nadie y no quiere conocer a nadie, excepto a mi". Hiller escribe: "... Una noche tocó soberbiamente en casa de Brodwood y luego desapareció otra vez, a lo que parece está muy enfermo".

Pero su producción musical ha aumentado considerablemente: estudios, mazurkas, valses, el Impromtu en la bemol, el Scherzo en si bemol menor, la Marcha fúnebre, etc., están ya creadas.

Cuando Chopin regresa a París sufre el asedio de George Sand y al fin se enamoran: una nueva vida se inicia.

Para evitar un escándalo emprenden, con los hijos de George (Solange y Mauricio), un viaje a Palma de Mallorea: se sienten subyugados por el encanto de este lugar y alquilan una casa: "Son Vent" (la casa del viento), así como una celda en la famosa Cartuja de Valldemosa; pero con la llegada del invierno la enfermedad de Chopin se agrava y llega hasta temerse por su vida. Emprenden un penoso regreso a Francia, pasando por Barcelona: al fin se instalan en Marsella, donde Chopin se mejora notablemente. Luego van a Génova y a otras partes hasta que regresan a París: aquí se instalan en departamentos separados, pero los veranos los pasan en Nohant, la finca de George. Esta época de su vida se distingue por la fecunda producción de los dos. Chopin termina su "Sonata en si bemol menor", "Los preludios", "Los tres estudios para piano", etc. Al parecer su vida fue feliz y, como se ha dicho: "George se entregaba a su pasión con un fuerte instinto maternal, y Chopin se dejaba mimar como un hijo que agradece las delicadezas de su amada".

Hacia 1847 la enfermedad de Chopin empeora y ese tilo sobreviene la ruptura definitiva con George Sand.

Esto presentó un gran quebranto para él. Para distraerse hace un viaje a Inglaterra: en Londres dio varios conciertos que entusiasmaron al auditorio y le hicieron reverdecer su popularidad. Estuvo después en Manchester y en Escocia. Mas a su regreso a Londres, su estado de salud era deplorable: los médicos le aconsejaron que se alejara de aquel clima que lo estaba matando.

En enero de 1849 regresó a París: reanuda sus lecciones de piano pero tiene que interrumpirlas. En difícil situación económica recibe anónimamente (de parte de Jane Stirling) 25,000 francos para atender sus gastos, cantidad que sólo acepta en una parte. Sintiéndose gravemente enfermo avisa a su hermana Luisa, y ésta viene con su marido, desde Polonia, para atenderlo de la tremenda tuberculosis que lo llevaba a su fin: muchos de sus amigos le prodigaban cuidados y atenciones, entre ellos la princesa Czartoriska, que lo atienderon solicitud excepcional. En el verano va a residir a Chaitlot buscando alivio, pero en el otoño regresa a París ocupando un departamento en el número 12 de la Place Vendome: allí murió el 17 de octubre de 1849, después de recibir todos los auxilios de la religión católica. Sus funerales se efectuaron el 30 de ese mismo mes en la Iglesia de la Magdalena, ejecutándose, según su deseo, el "Requiem" de Mozart. Fue inhumado en el cementerio del "Pére Lachaise" y en su tumba fue arrojado un puñado de tierra de Polonia, a la que tanto amó.

Chopin escribió más de doscientas composiciones que, con su peculiar estilo, han gozado de popularidad y renombre. Su delicada inspiración ha sido deformada en muchas ocasiones con una interpretación "amanerada y torpe" que rebaja su esencia. Por eso volvemos a repetir: "a ellas conviene el término justo y la dicción exacta"
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Nació en Hamburgo el 7 de mayo de 1833. Fue hijo del contrabajista del Teatro Municipal Johann Jakob Brahms y de Hersika Cristina Nissen. Sus primeros estudios musicales los realizó con su propio padre, aprendiendo violín, violonchelo y corno. En el piano tuvo como maestro a Cossel y en la composición a Eduardo Marxen.

Reveló dotes de gran pianista, haciendo su primera presentación en 1848. Después pasó una temporada en Weimar al lado de Franz Lizst. Su primera composición apareció en 1853. Este mismo año hizo una gira con el violinista húngaro Reményi. Al visitar las distintas ciudades conoció al violinista Joachim, quien lo recomendó a Schumann. Con él trabó conocimiento en Düsseldorf: tanto Roberto Schumann como su esposa Clara Wieck, lo acogieron con cordialidad; para ellos tocó su primera Sonata para piano que los impresionó mucho. Entonces aquél escribió un artículo en la Nueva Revista Musical, (N. Z. M.), que se titulaba "Nuevos senderos" y en el que, entre otras cosas, decía: "En la cuna de Brahms montaron guardia las Gracias y las Musas", señalándolo como "una de las más elevadas expresiones de la época".

Clara Wieck sería desde aquella fecha su más leal animadora, su "ángel guardián" Cuando Schumann murió a partir de ese día vivieron en es cuando era 14 años mayor que él, llegó a enamorarse de ella, declarando que a su lado era 'mejor y más noble". Sin embargo, a la hora de tomar una resolución, hizo lo que siempre haría en circunstancias semejantes: nada. (Se conjetura si era temor, impotencia, o quien sabe qué causa secreta la que determinó que nunca se casara, aunque por otra parte era galante, alegre y afable con las damas).

Habiendo entrado al servicio del príncipe Lippe, en la corte de Detmold, tuvo oportunidad de familiarizarse y practicar la música de Cámara, género en el que produciría más tarde obras de elevada inspiración; en este lugar trabajó afanosamente, tanto en la orquesta corno en los coros, adquiriendo solidez y perfeccionándose como artista. De su estancia en esta pequeña corte datan sus "Serenatas".

En 1859 estrenó en Hannover, su primer concierto para piano. Después se dirigió a Hamburgo, su ciudad natal, con la esperanza de que se le ofreciera algún puesto de importancia; pero no obstante que se hallaban vacantes las direcciones de la Singakademie y de la Orquesta Filarmónica, no se le tomó en cuenta. Volvió a Hannover y, hallándose de regreso en Hamburgo, recibió invitación para hacerse cargo como director, de la Singakademie de Viena .

Brahms llegó a esta última ciudad en octubre de 1862. Su primer concierto al frente de la Singakademie se efectuó el 15 de mayo de 1863, pero sus interpretaciones, demasiado severas, no agradaron a los vieneses. Sin embargo, se le reconoció como un valor positivo. Al presentar a Joseph Helmesberger el manuscrito de su Cuarteto con piano, en sol menor, recibió esta alabanza: "Brahms es el heredero de Beethoven" Se tocó esta obra el 16 de diciembre de ese año, pero fue acogida con recelo y reservas. En otro concierto se tocó su cuarteto con piano, en La mayor, y se cantaron algunos de sus lieder. Esta vez el propio compositor pudo decir: "Aparte de que el Cuarteto fue recibido del modo más favorable, tuve un éxito extraordinario como pianista"

Poco a poco se fue extendiendo su reputación. A pesar de su carácter reservado y brusco se fue procurando muchos amigos. Se estrenó su primer Sexteto y la Orquesta Filarmónica de Viena incluyó en sus programas la Segunda Serenata.

En 1863 conoció a Ricardo Wagner: los temperamentos de ambos eran bien distintos para llegar a estimarse y s comprenderse; la música de uno no consiguió entusiasmar al otro.

No obstante la estimación que se le profesaba, Brahms no consiguió tener un puesto fijo y, para subvenir a sus necesidades, viajó mucho dando conciertos hasta que, en 1878, se estableció definitivamente en Viena, dedicándose exclusivamente a la composición.

Para el año mencionado ya había compuesto numerosas obras, entre ellas el "Réquiem alemán", (dedicado a la memoria de su madre y de Roberto Schumann), que se estrenó en la catedral de Brenna en 1868; algunas de sus danzas húngaras, (escritas desde 1865 y las últimas en 1880), el "Canto del triunfo",(l871), etc. Hacia 1876 terminó su primera Sinfonía, que fue ejecutada en Karlsruhe en el mes de noviembre.

La vida de Brahms, (en Viena) se entrecruzó con la de Anton Bruckner (1824-1896) y con la de Hugo Wolf (1860-1903), originando que sus obras, de características distintas, provocasen la exaltación de sus partidarios, sin contar con la controversia Wagner-Brahms, que se había enconado por el elástico y aguzado genio del primero y la porfiada beligerancia del segundo.

Entre 1877-78 compuso Brahms su segunda Sinfonía, su primera sonata para violín y el concierto para este instrumento. Cuando hubo terminado su segunda Sinfonía escribió a su amigo Hanslick: "Si me es posible haceros escuchar una sinfonía durante el próximo invierno, os parecerá tan bonita y agradable que creeréis que la he compuesto especialmente para vos y vuestra joven esposa'.

El circulo de sus amigos ganó un miembro más con Kans Richter, el notable músico que fue nombrado director de la Orquesta Filarmónica de Viena, bajo quien se estrenó esa segunda Sinfonía. C. F. Pohl, escribió acerca de este acontecimiento: "Richter se ha dado un gran trabajo en su preparación... Es una obra magnífica. Cada movimiento es oro en polvo; y los cuatro juntos forman un todo correspondiente... Ejecución maestra; la más calurosa acogida. El tercer movimiento se repitió a causa de los clamorosos vítores..."

Hans von Büllow también se contó entre sus admiradores. Juntos emprendieron giras de conciertos y en varias ocasiones Brahms actuó como solista con la orquesta de Meiningen. Büllow decía: "Ahora le aseguraré la posteridad. Después de Bach y Beethoven es el más grande, el más excelso de todos los compositores"

En 1881 estrenó el segundo Concierto para piano, en si bemol mayor; en 1882, un trío y su célebre quinteto (en fa menor), para piano y cuarteto de cuerda; en 1883, para celebrar sus cincuenta años, su tercera Sinfonía.

Para esta época la figura de Brahms, con su larga barba, sus anchos hombros y su recia contextura, era popular en Viena; casi era el árbitro musical de la ciudad. Había recibido numerosas distinciones del extranjero y de su propio país: en 1874, fue designado "socio de la Academia de Artes de Berlín"; en 1877, doctor honorario de la Universidad de Cambridge; en 1881, igual nombramiento de la Universidad de Oxford; en 1885 se le concedió la Cruz del Mérito, de Prusia; en 1889, ciudadano honorario de Hamburgo.

Dedicado por complete a la composición había aumentado considerablemente el número de sus obras; pero desafortunadamente, su salud había ido decayendo. Cuando terminó las "Cuatro canciones serias", sobre el texto del "Eclesiastés", se sentía muy preocupado por el pensamiento de la muerte. El 7 de marzo de 1897 asistió a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena, en que se ejecutó su cuarta Sinfonía bajo la dirección de Richter. Florence May ha descrito la siguiente escena: "Una tempestad de aplausos estalló al final del primer movimiento, no amainando hasta que el compositor se mostró a la concurrencia asomándose al palco de los artistas, donde había tomado asiento. La demostración se renovó después del segundo y tercer movimientos, y tuvo lugar al término de la obra una escena extraordinaria. El teatro, frenético y clamoroso, clavaba los ojos en la figura del palco, tan familiar, y sin embargo, tan extraña en su presente aspecto; parecía no poderlo dejar partir. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras permanecía allí, encogido, marcado el semblante, tensa la expresión, el blanco cabello lacio y colgante; y en la concurrencia había una sensación de sollozo contenido, porque cada uno presentía que aquello era un adiós. Otra explosión de aplausos, y luego otra. Una nueva expresión de reconocimiento dei maestro. Luego, Brahms y su Viena se Separaron para siempre"

Gravemente enfermo de cáncer en el hígado su fin estaba próximo: murió el 3 de abril de 1897. Sus funerales congregaron a los habitantes y a las autoridades de la ciudad de Viena, tributándosele un homenaje de reconocimiento y admiración. Un monumento levantado cerca de los de Beethoven y Schubert recuerda su grandeza.

A nuestro juicio, donde mejor se revela la personalidad de Brahms es en su música de Cámara: íntima, cordial, vigorosa y exaltada que nos muestra una sensibilidad delicada y afectuosa. De sus lieder se ha dicho que "poseen un encanto penetrante y una expresión muy emotiva" Su producción es considerable contándose entre ella el concierto para violín y violonchelo, las oberturas "Trágica" Y "Académica"; música para piano, coro, etc., etc.
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Claudio Arrau, throughout a long career spanning the continents and most of the century, has consistently put a supreme keyboard mastery at the total service of his art, achieving fame not only as a celebrated interpreter of Beethoven, but also of Schumann, Brahms, Chopin, Liszt and Debussy. One of the greatest pianists in the world today, Arrau has become a legend in his own lifetime for the penetrating profundity of his interpretations allied to a virtuosity that continues to be awesome.

On June 3, 1986, Arrau, playing his annual recital at the Royal Festival Hall in London, received the greatest local ovation of his career following an all-Beethoven program of four fearsome sonatas which, as The London Times wrote, "would have taxed a man half his age."

Coming on the heels of the Vladimir Horowitz recital in the same hall two days before, it was as if the standing, cheering audience (made up of London's musical elite) wanted to show Arrau their special love and admiration. Earlier, The Guardian heralded, "Two octogenarian giants of the keyboard return to give recitals at the Festival Hall." Following Arrau's recital, The Financial Times wrote: ''Arrau's technique seemed to lose 30 years. It was an extraordinary performance." Before London, in equally triumphant recitals in Paris and Munich, Karl Schumann, Germany's leading music critic, wrote in the Suddeutsche Zeitung on June 2nd, 1986: "Is it not Claudio Arrau who is the most musical and deeply serious piano phenomenon of our time?" And in Paris, the critic who raved the most about Horowitz, ended up kissing Arrau's hands. On November 3, 1988, Arrau was back in London winding up his 85th birthday celebrations with the Beethoven "Emperor" Concerto, which was also seen on Thames TV. 0nce more the ovations were overwhelming and the press no less so. Headlined the Daily Telegraph: "Genius of Claudio Arrau" and went on to write: "He has been described as the greatest of the world's great pianists since Busoni and Schnabel."

Today, the grandmaster of the keyboard still plays some 50 concerts in all the music centers of the world each season, often on three continents and sometimes more. He made his sixth tour of Japan in May1987, and is scheduled to return in December 1989 to play in Tokyo's new concert hall.

In May 1984, returning as a symbol of peace to play in Santiago, Chile, after an absence of 17 years, Arrau was given a reception by his countrymen probably without equal since the time of Paderewski's return to Poland after World War I and Liszt's return to Hungary under the Austrians in 1839. People stood cheering at the airport and in line at the box office for as long as 13 hours to buy tickets which later changed hands for hundreds of dollars. Ovations lasted for 30 minutes on end. As the New York Times reported in a long story which was mentioned on the front page, Arrau dominated the local newspapers for weeks and his concerts (6 in 11 days) were seen and heard on TV by 80% of the nation. At the free concert he gave for students at the Cathedral, 7,000 crammed inside, mostly standing, and 4,000 stood listening in the rain outside. It was an outpouring of love and adoration beyond imagining, moving the Maestro to tears on more than one occasion.

During 1982-83, the whole music world joined the Maestro in marking his 80th birthday season. As the Chicago Tribune headlined: "Arrau Turns 80 and the Whole World Celebrates."

In New York alone, there were six appearances, with the main event coming on February 20 when the Maestro gave his official birthday recital at Avery Fisher Hall. Sold out to the rafters (as were all five other concerts), the event was televised for later viewing around the world and, at the end, much to Arrau's delighted surprise, out came Placido Domingo wheeling a cake and singing "Happy Birthday," in which the audience joined lustily. Paris in March, where Arrau played the Brahms Concerto No. 1 together with the Beethoven "Emperor" with the Orchestre de Paris under Daniel Barenboim, was another memorable celebration with the standing, cheering audience giving him one of those talked about endless Parisian homages. In Berlin, where he played with the Berlin Philharmonic in April, there was an official reception with the whole German music, art and literary world in attendance. Topping everything was the release by Philips Records of "The Arrau Edition" of 59 records in 8 deluxe boxes, already hailed as "One of the century's monumental recorded legacies." Retrospective sets by both CBS and EMI were also brought out and Conversations with Arrau by Joseph Horowitz was published by Alfred A. Knopf in New York, Collins Books in London and Alfred Scherz Verlag in Germany and Switzerland. Conversations with Arrau has been given a glowing reception everywhere. As Peter Davis wrote in New York magazine: "Conversations is something of a miracle. Arrau speaks with the same clarity, wonder and perception as his playing." It has since been published in Italy, Argentina, France and Japan and again in New York in paperback by Limelight Editions.

In his 85th Birthday Year, Arrau was honored with additional awards and prizes, including the Theresa Carreno Medal from Venezuela on top of the international UNESCO Music Prize, the National Arts Prize from Chile, the Aztec Eagle from Mexico, a Commendatore from the Accademia di Santa Cecilia in Rome and a Commandeur de l'Legion de Honneur, France's highest decoration.

Currently recording more than ever, Arrau has completed his third cycle of the five Beethoven Piano Concertos, this time with Sir Colin Davis and the Dresden Staatskapelle. Concerto No. 5, the "Emperor," has received critical acclaim throughout the world, with Gramophone leading off, followed by TIME and other prestigious journals. An immediate bestseller, it was followed by nine other releases on Philips, including the Beethoven Concerto No. 4, three new singles of his favorite Beethoven sonatas, among them Op. 109 and 111 (which hopefully will lead to a second set of the complete 32) and the "Diabelli" Variations. Also, out on CD are his landmark recordings of the monumental Liszt Transcendental Etudes and the Chopin Nocturnes. Soon to be released as well are the complete Mozart Piano Sonatas.

Arrau, like most of history's great pianists, was a child prodigy. He was born in Chillan, Chile, on February 6, 1903, and gave his first recital in Santiago at age 5 and in Buenos Aires at 7, when he and his entire family were on their way to Berlin where the young wunderkind was to study on a government grant (by Act of Congress) over the next ten years. In Berlin, Arrau studied with Martin Krause, one of the great pedagogues of the day, a pupil of Liszt and the founder of the first Liszt Society. Arrau made his formal debut at 11, played under the direction of famed Arthur Nikisch at 12 and made his Berlin Philharmonic (under Karl Muck) and London debuts at 17. At 16 and 17, he also pulled off the incredible feat of winning the Liszt Prize twice in a row.

Arrau's world tours began at the age of 20 when he came to the United Sates for the first time in 1923. He made his debut with the Boston Symphony under Monteux and the Chicago Symphony under Stock. Returning home to a starving Berlin, he steeped himself in the rich, new musical world of that time and place; Busoni, Schoenberg, Berg, Furtwangler, Erich Kleiber, Klemperer, Schnabel, and Edwin Fischer. In 1927, he entered the International Geneva Concours for Pianists and won First Prize. The Jury included Cortot, Vianna da Motta and Arthur Rubinstein. From that moment on, his international career began in earnest, including two tours of the Soviet Union in 1929 and 1930. When he returned again in 1968, his Moscow and Leningrad concerts sold out in two hours.
After winning the Geneva Prize, Arrau began playing his celebrated series of piano cycles in Berlin, which made him a legend in Germany. In 1935 he was the first pianist ever to play the complete keyboard works of J.S. Bach in12 recitals, and in subsequent seasons, all of the Beethoven Sonatas, the Mozart Sonatas as well as Schubert and Weber. In 1941, Arrau returned to the United States, giving a sensational Carnegie Hall recital in February of the year which set the final crown on his international fame.
In April 1980, he celebrated the 60th Anniversary of his Berlin Philharmonic debut and was awarded the orchestra's highest honor - the Hans von Bulow Medal. Now an American citizen, Arrau has made his home in Douglaston, New York since 1941 and also in Chester, Vermont, where he loves to retreat to his summer home (sometimes together with children, grandchildren and hordes of cats and dogs) for rest and quiet and his favorite forms of relaxation - reading and weeding his garden.
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martes, 22 de marzo de 2005
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Claudio Arrau nació el 6 de febrero de 1903. Fue el tercer hijo de una familia chillaneja acomodada, formada por el médico y oculista Carlos Arrau Ojeda, y la profesora de piano Lucrecia León. Cuando Claudio tenía apenas un año y un mes, su padre falleció, producto de un accidente ecuestre, dejando a la familia con importantes deudas contraídas y sin pagar. Lucrecia se vio obligada a vender de inmediato las tierras familiares y a dedicarse por completo a dar clases de piano, para mantener a sus tres hijos. El pequeño Claudio creció así, desde la cuna, junto al sonido del piano. A los 3 años, ya se interesaba por las partituras y pedía una y otra vez sus piezas favoritas; aprendió el lenguaje musical antes de leer y escribir el abecedario. A esta edad se reveló en él su aptitud innata para la música, que su madre estimuló con veneración y asombro. En 1908, con sólo 5 años de edad, Claudio ofreció su primer recital en Chillán. Interpretó obras de Mozart, Beethoven y Chopin, utilizando una especie de zanco para poder accionar los pedales del piano, que un carpintero amigo le había confeccionado. Rápidamente surgieron voces clamando al Mozart chileno en Chillán. Audiencia con el Presidente Vestido de pantalón corto, a sus escasos 7 años, Arrau se presentó ante el Presidente Jorge Montt en La Moneda en Santiago. Allí asombró nuevamente por su temprana genialidad, y luego de otro concierto ante el Congreso Nacional, fue agraciado con una beca de esta última institución para estudiar piano en Europa.En 1911, a los 8 años, partió junto a su madre y hermanos con destino al puerto de Hamburgo, en la nave Titania. En 1913 los Arrau trabaron contacto con la pianista chilena Rosita Renard, radicada en Berlín, quien les presentó al destacado maestro Martín Krause. Martín Krause Profesor del connotado Conservatorio Stern, Krause era por aquellos años uno de los maestros de piano más célebres de Europa. Entusiasta, se hizo cargo de la formación del joven chileno, dotándolo de las herramientas técnicas e interpretativas, y orientando de paso su dieta y lectura, así como también sus descansos y paseos. Desgraciadamente, Krause murió a los 5 años de iniciada esta fecunda relación, lo que constituyó un duro golpe para el joven concertista de 15 años. Arrau declararía años después: “Pensé que el mundo se había terminado, tenía la sensación de haber sido abandonado, sentí incluso que ya no sería capaz de seguir tocando”.· Crece el prestigio y reconocimiento Arrau continuó sus presentaciones; recibió aplausos y reconocimientos en Europa, y obtuvo durante dos años consecutivos, con 16 y 17 años de edad, el importante Premio Liszt, que había sido declarado desierto durante 45 años. Bajo la dirección de connotados directores —como Muck y Furtwangler— realizó conciertos junto a las principales orquestas de Alemania. En el marco de una gira por Súdame rica, realizó su primer concierto en Chile como profesional (1921).Traspié en Estados Unidos En 1923 —ya con 20 años y un consolidado prestigio en Europa— Arrau inició una gira por Estados Unidos. Allí, el recibimiento del público fue distinto al éxito al cual estaba acostumbrado, y las críticas fueron duras e indiferentes. La difícil situación económica junto a su madre no hacían más que complicar las cosas. Arrau entró entonces en una profunda crisis, cuestionándose sus capacidades y perspectivas. Fue necesaria la intervención de un connotado siquiatra de la época, el doctor Abrahamson, para que el joven concertista lograra superar sus dificultades.· Docencia y conciertos De regreso en Europa, Arrau recibió con alegría su nombramiento en 1925 como profesor del Conservatorio Stern, demostrando grandes dotes como formador de jóvenes talentos. En 1932 se formó el cuarteto Claudio Arrau. El concertista no perdió oportunidad para volver a su país y así lo hizo en 1934, 1938 y 1939. Fueron comentadas y reconocidas sus interpretaciones de Bach, Mozart, Weber, Schubert y Beethoven. A los 34 años se casó con la mezzosoprano Ruth Schneider, y pronto nació el primero de los tres hijos que tuvo el matrimonio.Emigra a Estados Unidos Se avecinaban tiempos difíciles en Alemania, con el surgimiento y consolidación del nazismo. Gracias a los contactos diplomáticos de Arrau, pudo salvar a su esposa del Tercer Reich, pues se le atribuían antepasados judíos. Además, la Gestapo asesinó a un joven y talentoso discípulo suyo, acusado de ser antinazi. Era el año 1941 y entonces Arrau se decidió a abandonar lo que consideraba como su segunda patria. Emigró a Estados Unidos, donde permaneció hasta el final de sus días.· Un nuevo hogar elrecibimiento al maestro Arrau por parte del público y la crítica en Estados Unidos, en esta ocasión, fue grandioso. En 1941 se consagró como intérprete con un magnífico concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.
La familia Arrau encontró un nuevo hogar en la costa este de Estados Unidos y el pianista retomó sus actividades habituales: Además de conciertos por todo el país, fundó con el chileno Rafael de Silva la Academia Claudio Arrau en Nueva York (1943).Giras por todo el mundo Los premios y galardones se sucedieron unos a otros, así como las giras y conciertos en todo el mundo: Israel (1951), regreso triunfal a Alemania (1954), Singapur e India (1956) y Japón (1965), además de sus frecuentes pasos por los principales teatros del Hemisferio Norte. Volvió a Chile y visitó Chillán, que lo recibió como hijo pródigo. Como los músicos del pasado Arrau realizaron también numerosas grabaciones. A su primer disco de cilindro de 1922 y su primer disco de plataforma, en 1927, sumó cientos de registros musicales con los sellos más importantes del mundo. Su prestigio como pianista lo situaba por aquellos años como el último vínculo con los grandes músicos del siglo pasado. Se le consideró el gran intérprete de Liszt, redescubridor de Chopin, gran señor de Brahms, recreador de Schumann, revelador de Schubert e insuperable intérprete de Beethoven.· Consagración en vida de una figura universal En 1980 Arrau recibió la medalla Hans Von Bulow que le otorgó la Orquesta Filarmónica de Berlín. Poco después, dada su notable e inigualable trayectoria, el año 1982-1983 fue declarado el "año Arrau" por los principales círculos musicales del mundo. Para celebrar y homenajear su aporte a la música del siglo XX, se publicaron libros y ediciones musicales maestras, y se realizaron importantes festivales. En este marco, se lanzó su primer disco compacto de música clásica con los vals completos de Chopin. El maestro recibió las máximas distinciones de numerosos países, como la Legión de Honor de Francia, el Premio de la Música de la Unesco, la Medalla Beethoven de Nueva York y el grado de doctor honoris causa de la Universidad de Oxford.
Premio Nacional de Arte: el reconocimiento de la familia Chile le concedió en 1983 el Premio Nacional de Arte. “Ser reconocido por la gente y la tierra donde uno nació es para mí la consagración definitiva. A uno lo pueden distinguir los amigos, los admiradores y los críticos, pero si falta el reconocimiento de la propia familia, el honor y la fama son incompletos. Ahora la familia chilena ha decidido concedérmelo y mis sentimientos son una mezcla de gran humildad y emocionada satisfacción”, comentó entonces el afamado pianista.
Algunos años después, el maestro Arrau falleció en Muerzzusching, Austria, el 9 de junio de 1991, cuando se preparaba para reanudar sus giras de conciertos. De acuerdo a su voluntad testamentaria, sus restos fueron sepultados en Chillán.
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"No he ido distraídamente por el mundo tocando el violín, mientras todo arde..." (Yehudi Menuhin)


El legendario violinista Yehudi Menuhin, afirma que su violín es "un arma de reconciliación conmigo mismo y con los demás". Hijo de inmigrados rusos, nació en New York en 1916: "no obstante mi edad, el asombro y la capacidad de creer en los demás permanece igual, intemporalmente". Le enseñaron a tocar el violín desde los cinco años, cuando inició sus estudios musicales con maestros notables como Louis Persinger, Georges Enesco y Adolf Busch. Luego, su amistad con artistas igualmente excepcionales como Casals, Toscanini y Schabel, le permitieron adquirir los conocimientos del medio que le concierne, respaldando su virtuosismo que le han ubicado como uno de los grandes músicos contemporáneos.
La calidad excepcional de Yehudi Menuhin se une a su extenso trabajo en favor de los más desposeídos, que también lo ubica como un destacado humanista, porque, dice él: : "después de todo no se puede ir distraídamente por ahí tocando el violín mientras todo arde". Desde 1952 realiza constantes presentaciones, especialmente en los países donde el hambre arrecia, como en India, cuyas ganancias las destina al "Fondo para la Hambruna", que le ha valido, entre otros, el Premio de la Paz Jawaharlal Nehru" de ese país. Ha ocupado varios cargos de responsabilidad social, como la presidencia del Consejo Musical Internacional de la UNESCO, y la dirección del Fondo Internacional para Ayuda Mutua de Músicos. Entre otras distinciones ha obtenido el Premio de la Paz en Alemania, la Legión de Honor en Francia, la Orden al Mérito de Alemania, la Orden de la Corona Belga; es Caballero Honorario del gobierno inglés, Doctor Honoris Causa en una veintena de universidades y Ciudadano Honorífico de varios países.
Con el maestro Menuhin conversamos en el marco excepcional de la antiquísima Iglesia de la Compañía en la ciudad de Guanajuato. El asiste como invitado del Festival Internacional Cervantino, el excelso encuentro de artistas del mundo que se celebra cada año en esta bella ciudad mexicana. Me cita a las ocho de la mañana, y cuando llego a esa hora, Manuhin ya ha desayunado, el color plateado de su cabello resalta con el elegante traje oscuro que viste; se muestra cordial y animado. Dice que partamos enseguida al lugar en que deberá actuar al medio día: el atrio de la Compañía. Nos dirigimos a la iglesia junto a otras personas que forman su comitiva, todos ellos son también sus discípulos. Menuhin inspecciona cada rincón del lugar, es bellísimo el sitio y sus gestos son de gran complacencia por lo que ve; prueba el sonido y confirma que todo estará en orden para su concierto. Alrededor de las 10:30 su inspección ha terminado, imparte algunas órdenes finales y dice que nos ubiquemos en una de las bancas finales del recinto sagrado. Allí conversamos sin que nadie nos interrumpiera nunca, hasta una hora después, cuando comenzó a llegar el público. En un momento, le pregunto acerca de lo que ha intentado lograr en su vida consagrándose a la música:
-He intentado robarle a la vida la ilusión de ser feliz.
-¿Lo ha conseguido?
-A mi manera, sí. También he intentado crear utopías, porque si bien la música parece normal y razonable, también es utópica.
-¿Por qué su interés en lo utópico?
-Porque creo que lo normal y lo no-razonable deben estar balanceados, debe existir un equilibrio a pesar de todo. A veces pareciera que lo irrazonable, que la violencia es lo lógico, que la agresión sea lo normal; y en estos casos es cuando la música cumple una de sus funciones esenciales, que es crear armonías. Mi deseo, mi aspiración es conseguir que mi trabajo de músico logre, en su medida, un mayor entendimiento entre la gente y las culturas del mundo.
-Su trabajo humanista es enorme, ¿difícil?
-No ha sido fácil, pero nada es fácil en nuestro siglo. Nada es fácil en la vida, siempre debemos cargar con el peso de la historia en nuestros hombros. Cada uno de nosotros, sea cual sea el trabajo que desempeña en la sociedad, a favor de ella. Y así debe ser. Yo, cada vez que tomo mi violín pienso que no soy yo quien lo toca, no soy yo solo, soy todos aquellos que antes de mí tocaron un violín. Es una cierta idea de continuidad, es un compromiso, un lazo con todos aquellos anteriores a mí. En su oficio, cada persona es como la suma de todos los oficiantes anteriores. Es algo como el sonido intenso que emana de los viejos muros de este templo; aquí el sonido refleja huellas de muchas épocas, igual que el hombre cuando está en el atardecer de su vida, que es además todos los sonidos que escuchó. Cuando hablo con alguien, a veces, noto qué vida ha llevado por el sonido de su voz, por los sonidos de sus movimientos.
-Creo que existe una escuela que estudia la influencia del sonido en la vida humana...
-OH sí, y es un conocimiento muy antiguo. Incluso se llega a determinar ciertas enfermedades con el solo estudio de la voz, y su curación a través de la música. Los animales son muy perceptivos en esto, generalmente no se acercan cuando dos personas discuten, porque reconocen los sonidos agresivos de sus voces, o agreden directamente: el sonido violento enoja a los animales, que normalmente se calman con música.
-Hay muy poca difusión respecto a esta característica musical.
-No la hay, y este conocimiento tiende a perderse, aunque por fortuna aún hay personas que se interesan en averiguarlo; yo quisiera escribir algo al respecto y es posible que lo haga. Hay algunas clínicas médicas que usan música en sus programas de terapia, pero no sé exactamente en qué se apoyan teóricamente: supongo que son ramificaciones de la Escuela antigua. Yo, por costumbre, siempre he pensado que la música es como un buen médico.
-¿Cómo nace la música?
-Nace del orden que se da a los sonidos naturales que nos acompañan desde siempre; del orden que dimos para identificar los sonidos que percibimos como seres humanos, y además del sonido del silencio que percibe nuestro oído interior. En esta iglesia, de estos muros arranca se puede oír el sonido del silencio, ¿verdad?. Aquí hay una acústica única. Se dice en Europa que los que construyeron las catedrales estudiaban muy bien esta música que emana del silencio. Debió ser un conocimiento común a todos los antiguos constructores de templos.
-¿Piensa que esta sabiduría se ha perdido?
-No creo que se haya perdido, pero no es usual.
-Tampoco es usual ahora que se escriban grandes piezas musicales.
-Es que, al parecer, en ciertas épocas los autores suelen olvidar esa mágica relación que existe con la naturaleza, que es de donde arranca la música, por eso es tan grandiosa, porque es como la naturaleza misma. Los mahometanos empleaban el agua para disfrutar del sonido de un arroyo dentro de sus casas, y la hacía correr dentro de los aposentos por canales artificiales construidos con ese sólo propósito. ¿A ti, qué sonido de la naturaleza te agrada?
-...el que produce el mar.
-OH, sí, es una música muy bella, muy fuerte, varonil. En cambio, a las mujeres, por ejemplo, en general las asusta el mar por el sonido que emite, y es una de las razones de que la pesca es un oficio generalmente masculino, porque hay pocas mujeres que sean pescadoras. El mar es terrible, y su música es grandiosa.
-¿Qué sonido natural le agrada más a usted?
-Yo tengo pocos recuerdos marinos en mi vida, mis recuerdos son del campo; en los Alpes suizos, en Gstaad, donde paso la mayor parte del año; el parque siempre está verde y a veces corro descalzo y siento el césped en mis pies. También me agrada el olor de los graneros, del heno y la madera fuerte; cuando siento ese olor es como si me pusiera eufórico, porque los olores se unen al sonido, porque se hace una bendición vivir casi sin paredes. Yo, si uno esos olores únicos al paisaje sonoro del campo, como el sonido del álamo temblón, que tiene un gran follaje, entonces sus hojas no son rígidas, y cada una de ellas susurra íntimamente el paso del viento. La música del viento entre las hojas que caen es única... eso es para mí la música".
Yehudi Menuhin habla con gran pasión de su trabajo, gesticula con sus manos cuando algo no le concierne, pero está completamente en calma cuando se refiere a la música, a lo que le concierne: se ve en paz consigo mismo. Habla del silencio como uno de los componentes esenciales de la música, y de su enemigo mayor: "que no es ciertamente el sonido, que constituye su orden; es el ruido, el desorden". Dice que su infancia transcurrió en la ciudad de San Francisco, en California, y que recuerda claramente el sonido que hacían unas campanitas japonesas que había en su casa, y que vibraban con el viento: "En toda la ciudad, a la entrada de las tiendas es usual que aúne cuelguen plaquitas de cristal, que con la brisa emiten un suave tintineo". Le comento haber leído que cada campana emite una música de acuerdo a las aleaciones de metal que contiene, a sus componentes que le dan cierta forma de vida propia.. El dice:
-Sospecho que cada objeto tiene una vida intrínseca. Por eso me agrada la actitud de los africanos, y de los druidas, al creer que cada objeto está "habitado", y que no es posible establecer contacto con el objeto si no se le "oye". En verdad, todo tiene una vibración y nunca lograremos entenderlo sin hacer un contacto con esa vibración. Los indios pensaban que el bosque, las praderas y los ríos eran libres por derecho propio, porque esa era su expresión natural. Nosotros, en el siglo XX, pensamos que el aire y el agua son patrimonio de toda la humanidad, porque así lo hemos entendido cuando estaban en peligro; pero, si supiéramos interpretar los sonidos, en muchos sitios no hubiera sido necesario esperar a que se silenciaran para siempre antes de decidirnos a protegerlos. Los antiguos sí sabían interpretar los sonidos de la naturaleza, y es una lástima que ahora muchos se estén negando esta condición intuitiva".
Como en todos sus conciertos internacionales, Menuhin incluye obras de autores jóvenes desconocidos para el público, a fin de dar a conocer los nuevos talentos, lo que lo ha convertido en un gran difusor de la música contemporánea. Sin embargo, tambien es uno de sus sólidos aportes la academia que ha formado en Gstaad (Internationale Manuhin Musik Akademie, Postach 41, 3789 Gstaad, Suiza); donde apoya a jóvenes virtuosos del violín de todo el mundo. Dice al respecto:
-Mucha gente es buena, pero lo que busco entre mis alumnos son aquellos capacitados, a quienes tienen ese algo especial que va más allá del talento o la habilidad. Aceptamos uno de cada veinte aspirantes, porque no tenemos mayor capacidad. Los cursos duran de tres a cuatro años".
Nos relata que los estudiantes deben superar, entre otras pruebas, el clima extremoso: "especialmente acostumbrarse a un perturbador y constante viento que llamamos "föhn". También deben adaptarse a un medio de vida frecuentemente distinto al que vivieron hasta ingresar en la Academia. Tenemos un sistema de becas, pero son reducidas, lo que les obliga a vivir con muy poco en un rincón del mundo famoso por sus altos precios." Le pregunto si mantiene su Academia con las entradas de los estudiantes:
-Sería completamente imposible. Nuestro financiamiento se logra con ayuda de particulares, y siempre en ese aspecto estamos muy limitados.
Nos dice que todos los estudiantes que llegan poseen características afines, como haber comenzado a tocar el violín a temprana edad, y una sólida base de conocimientos de música: "En mi juventud nunca tuve suficientes oportunidades de interpretar música de Cámara, y en la Academia practicamos mucha música de cámara, porque no quiero que mis alumnos sufran esa desventaja. Cada intérprete tiene su propio estilo y sentimiento al tocar, lo que significa que ha de interpretar de una cierta manera. Este modo particular es el que yo intento descubrir en cada uno, y es lo primero que tengo en cuenta y respeto de mis alumnos.
-¿Qué rutina aplica a sus discípulos?
-Todos deben estar dispuestos a aprender, y dedicar a ellos toda su disposición; deben practicar su instrumento durante cinco horas por día, más las clases magistrales y los incontables ensayos para orquesta. Hay, además, un programa de educación física que consiste en una hora diaria de natación.
-¿Otra característica que aúne a sus discípulos?
-¡Son todos prodigiosos!
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Mujer el mundo está amueblada por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sido
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras, te sigue mi canto embrujado
Como una semiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro

¿Qué combate se libra en el espacio? Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso? En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez

El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La hierba sobreviviente alada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es modal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noche
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las luna
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto Infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagios y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones.
intimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en ml pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese mido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el Infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco-iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas.
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles
en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la
eternidad
Y esos pies que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que bincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tu murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida perderían el camino
¿Qué sería del universo?
Publicado por Peros @ 1:15
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